lunes, 17 de enero de 2011

Lo que pasó cuando te fuiste

No tengo ropa negra. La última vez te escuché partir y no te dije adiós. Aquella vez, cuando el mar nos robó las toallas. Aquella otra cuando te peleaste con la familia. Cuando me dijiste que nadie iba a quererme y cuando te retractaste. Verte cambiar, mejorar, pedir perdón y perdonar. Llorarte. Hago una pausa. Te abrazo en la memoria y me doy cuenta que tu voz no retumbará en la sala de mi casa nunca más. Ni tus herramientas, ni aquel perro viejo, ni tu pickupito blanco, ni tus manos grandes y callosas. Te hiciste viejo muy pronto. Me enseñaste a comer quesos y justo eso fue tu último regalo, además de un set de cubiertos. Cosas que quieren hablar de ti, igual que yo. Rogarle a Dios que me diera tiempo de hablarte. Mi papá, cómo estará mi papá. El momento en que decidí que no quería verte muerto. Hablar con tu esposa. Hablar con Dios y agradecerle por tu vida. Fuiste buen abuelo. Y te nos fuiste. Un silencio inmenso, no estás. Cruel, qué cruel.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Esta es mi historia de amor

Siempre soñé con un amor perfecto, que me quisiera como yo siempre quise, que me entendiera como nadie más me supo entender. Hablar sin hablar. El más pequeño flinch de mi corazón y lo captaría. No necesitaría explicación para mis sentimientos menos descriptibles. Sabría de mis sueños, conocería mi situación, de dónde vengo, a dónde quiero ir. Me entendería, me escucharía, me buscaría, se entregaría, me animaría, me abriría el camino para que pueda lograrlo. En fin. Un amor como el que me prometieron los cuentos de hadas: que sepa prometer un "y vivieron felices para siempre".

Lo busqué en todos y por todas partes. Juro que busqué. Le di el beneficio de la duda a tantos sapos y a tantos príncipes y nada. Nada.

Hasta que me cansé y fui hasta Dios a decirle que estaba rendida, que me rendía de una sola vez.

Fue allí.

Allí mismo mi corazón lo entendió.
Comprendió que la fórmula para aliviar mi dolor, para tranquilizar mi alma tan aturdida era volver a Dios, que todas esas promesas que sapos y príncipes me dijeron que eran imposibles, eran posibles para Dios.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Mi corazón, junto con todos sus sueños de amor perfecto, pertenecen a Dios. Hecho a mi medida, con mis rarezas y mis apetencias más exigentes.

Quiero ir a este concierto: Dios provee.
Me siento mal: Dios consiente.
Necesito hablar: Dios escucha.
Quisiera reír más: Dios cuenta un chiste.
Tengo roto el corazón: Dios lo sana.


Y sí. Este es uno de esos posts en que hablo de que Dios me tranquilizó. No puedo evitarlo. Dios me sanó el corazón. No se trata de hacerle publicidad; es que yo también quiero ser tratada como una princesa, yo también quiero contar mi historia de amor.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Yo soy de las que leyó Cortázar a su hija

En el vientre, así como oyendo desde el fondo del mar, escuchaba Poema de Cortázar seguido del teclado de la computadora. Es que no sólo le leí poemas, se los escribí también. No escuchamos a Mozart, pero sí los sonidos del bosque, grillos, lluvia, pájaros cantores. Hicimos dieta de sodas y quizá por eso es que me recrimina todas las veces, ahora que está aquí.

Lloramos desconsoladas, juntas. Nos fuimos a dormir exhaustas: ella de vivir, yo de organizarle el mundo. Nos amamos con el amor que se impregna a la piel, como un tatuaje invisible que segrega endorfinas del amor más puro desde la mirada.

Traigo -y llevo- su nombre, más apasionado que el mío, más tallado que mi propia conciencia.
Voy a pedir que cuando muera, lo busquen en mi corazón, que después de tanto amor hermosamente desgarrador, ya sé que está allí escrito, a todo color.

lunes, 11 de octubre de 2010

Tarde.

Volví. Había viento como el primer día. Siempre olvido dónde es exactamente. Es una suerte que todos llevan nombre o estaría contemplando la tumba equivocada.
Siempre es tan raro, pensar que me esperas, hablar con lápidas. Ya sé que no estás allí y aún me es inevitable contemplar tus huesos y tu pelo largo (seguro todavía está así). Imagino tu osamenta, tu ropa, tus huesos partidos, las costillas vacías donde estaba tu alma, tu corazón.
Voy a sentarme a tu lado, sobre la grama. Leo tu nombre, otra vez como en la lista del colegio, y ya no me duele igual. Te digo justificando: "todavía me pesa tu ausencia"; es que hace tanto no iba.
Sopla el viento, nadie alrededor. "De verdad es un lugar pacífico" te digo a sabiendas de que no estás allí. Mi palma sobre la grama y confieso que quisiera tomarme una cerveza con vos.
Tanto que contarte y nada qué decir. Es una mierda que no estés. La tradición de decirlo, seguido de una disculpa hacia mi Dios. "Te has perdido de tanto, pero más nos perdimos nosotros de vos" "Disculpame por no apoyarte mejor, por no tratarte con más respeto" y cosas así.

Nos quedamos en silencio, contemplando la nada. ¿Qué más hay por decir? Esa clase de desasosiego apabullado es estremecedor. Por mi parte puedo decir que todavía te extraño.

Me despido con ganas de abrazarte, con un "hasta la muerte", sin mirar atrás. Y camino. Lejos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

fragmento

Intrusa en medio de tus letras. Entré, encendí las luces como en mi casa y espié cada rincón. Revisé tus versos y te imaginé usándolos, qué habrás hecho, con quién hablaste, qué pensabas, a quién besabas. Quizá es muy pretensioso creer que siempre viste mi cara en todos los reflejos de tu casa. A mi me gusta pensar que sí.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Era un día para creer.

Despertó confundida como siempre. Intentó darle arranque a sus funciones motoras: mover las piernas, estirar los brazos, lanzar al vacío un bostezo amargo. Todo, un reflejo rutinario justo como la canción que sonaba en un longplay gastado en alguna parte de la sala de su mente.

Respiró. Habló con Dios acerca de ese respiro involuntario; sabía bien que respiraba sin querer y vivía, no por impulso propio, sino por oportunidad.

En ese momento recordó esa barba, esos labios, esos ojos, ese olor. Se le retorció la tripa de tanto ánimo. Abrazó la almohada y soñó, un par de minutos, con el día y la hora exactos en que habría de calentar el lado frío de su cama. Y despertar, por fin despertar.

Piernas dobladas, ensimismada, perdida en el vacío del closet repleto de colores, tallas, escotes. Jugaba al juego de las combinaciones imaginarias. Decidió que hoy sería una persona normal, comprensiva, menos ruidosa y mucho más idealista. Decidió que hoy llegaría temprano a trabajar y volvería temprano a casa, que tendría tiempo para jugar y para cocinar.

Vestida de promesas, armada de un pan tostado con mozarella, subió al auto. Viajó en su mente por todos los recovecos en donde se esconde el amor. Le cantó de una hormiga que se perdía entre barbas y espaldas, que besaba y picaba, que amaba.

Abrazó su oportunidad. Entendió que para el amor también hay que creer.
Y creyó, porque amaba.

martes, 24 de agosto de 2010

"happiness is best when shared"

En una película, el personaje principal escribe sus cuasi ultimas palabras: "happiness is best when shared".

Una película grandiosa con millones de detalles que me cambian la vida cada tres segundos. Impresionante, a lo menos. Y el final, tan... elemental. Un poco de desilusión, confieso, pero lo tomé a ironía (la hermana bonita del sarcasmo) y le agarré gusto.

Inmediatamente volví en el tiempo. Era 1994. Mi casa. La habitación que compartíamos con mi hermana. Ella me daba un regalo: una ilustración de una niña que daba de comer pan a unos patitos.
Me la da. Yo no sé qué decir, a ella le encanta, es su tesoro, yo había visto cuánto la cuidaba. Ahora es mía.

Tiene una leyenda: "el pan compartido sabe mejor".

Lo entendí. La amé tanto. La respeté tanto.

Allí mismo debió terminar mi película.

Una lección increíble para mí. Eligió bien qué darme, algo valioso y lo compartió. Sembró en mi corazón esa verdad elemental que a otros les llevo toda una vida entender y a mí me lo daba en bandeja de plata, con el amor del mundo entero, de junto. Su regalo fue más que grandioso, más que maravilloso.

Sos una mujer impresionante, Liza. Naciste así.
Te amo.

jueves, 12 de agosto de 2010

My life is a movie

I feel like in a movie. In the part where you think everything is going to be just fine but twitch a little when the plot gets a little heavier.
Usually, I think to myself, "the heroine cant die, the movie would have to end immediately". "Its impossible, its named after her!" Or a lot easier: "it would NEVER happen, this is Hollywood". Unless its not, and I don't know what to expect. Indie films do tend to give surprises or unexpected twists into the plot, just when you never saw them coming. They get awards at festivals for it.

I can hear the soundtrack and have the butterflies to prove the feelings. All kinds of feelings, strong, living, mutating. The light is also the kind Id use in a movie with this plot. Except that in my mind this keeps on running so much like Harry and Sally (let it not be Pip and Estella!) and it would need an absolutely different photography.

My life is a movie and the plot I know nothing of. There was no trailer that ruined it for me or cleverly spelled it out. And I'm scared. I don't know if it is a chick flick, or terror, or some kind of weird genre with a fabulous moral at the end and the beautiful irony of the main character dying of something noble, completely oblivious to it.

Wish I had a fast forward button here, and see if I'm risking all of this popcorn in a show I really don't want to see. I keep asking the Scriptwriter but He wont tell me.

I really want this movie to show. Maybe I'll just have to risk it.

martes, 3 de agosto de 2010

Los sueños se mueren sin las manos, las manos no sobreviven sin los sueños.

Los sueños existen y persisten.

Determinan tu dirección,

mueven,

apasionan,

transforman;

pero los sueños no tienen fuerza propia. Son espejismos fantasiosos que saben prometer pero no saben trabajar. El trabajo es trabajo de las manos que los sostienen, como un equipo. Los sueños sueñan, las manos hacen.

Imagináte el problema: los sueños quieren hacer el trabajo de las manos. Y viceversa.