Podría empezar con una lista de los nombres lindos que encontré en una veintena de libros y que jamás anoté para la posteridad, creyendo que no los necesitaría para mis hijos. Unos años más tarde me quebraría la cabeza durante meses eligiendo el nombre ideal... que ironía. Allí está la primera lección: satírica o dramática, no importa. No se inventa la ironía, está allí simplemente.
Con el tiempo pasaron libros (Rosa Montero mide el tiempo de su vida conforme a sus libros y sus hombres, cuánta razon). Lección dos: teoría de la relatividad en cuanto al tiempo.
Precisamente por esa segunda lección no voy a ponerme a enumerar el sin fin de bien y mal aprendidas tareas. Me voy de golpe, como es habitual, al futuro es decir, el presente y por ahora, el pasado en donde descubro un nuevo premio, nueva afrenta, nueva lección.
Lección vigésimomil: los sentimientos existen por una razón. Desecharlos es hacer caso omiso de todas las señales que me indican el camino a andar y sus características. Duele el pie si vas descalzo sobre piedras. Llorás al encontrar una situación fuera de tu capacidad de asimilar. Reís cuando esa impotente capacidad es placentera. Y te enojás cuando sucede lo intolerable.
Escribí unas lineas derrochando por la borda toda mi tolerancia (malditos conflictos) convirtiendome en ese momento en el enojo con lentes y ordenador. Me sentí culpable y patética al terminar, como cuando vomitas por razones impropias o inmorales, en público.
Volví al libro que leía como si nada. Encontré entonces mi lección. Entendí entonces que está bien sentirme enojada contigo. Sentí increible no necesitar esconder mi enojo. Sentí.
Lo que mas me gustó, tengo que confesar, es soltarte de nuevo para enojarme quizá otro día, otro después.
domingo, 23 de marzo de 2008
sábado, 22 de marzo de 2008
sábado, 1 de marzo de 2008
Sin palabras

Han pasado los días y yo sigo con esta entrada enredada en la garganta tratando de decir algo mas... o algo nuevo. Este impasse de palabras no es más que decir con el silencio que no sé por donde empezar ni qué decir y mucho menos, cómo decirlo.
En la vida, pocas veces podemos quedarnos mudos ante tanto misterio y perfección. Pocas veces necesitamos escuchar en el silencio las respuestas.
Estoy muda. No se si por cansancio, por asombro o simplemente porque en estas circunstancias los mudos estamos perplejos reconociendo la escencia de lo perfecto.
Te amo tanto Isabel.
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