Llora callada como si no llorara. El dolor le ha entumecido las piernas, retorcido la tripa, arrancado el cabello. Y se queda callada como si nada se le quebrara dentro.
La falla siempre ha estado en los ausentes teamos y los abrazos insípidos que exigen mejores pasados y renuncian, entre tanto rencor, a mejores futuros.
Hay peldaños que parecen infinitos, que nunca los vamos a subir, que van a estar aquí para siempre. ¿Qué voy a hacer conmigo sin ti?
Ese día llegará, estamos las dos en lo cierto, pero también hablamos la verdad cuando decimos que no será ahora, ni mañana, ni el día después.
"Come y ve, que aún te queda mucho camino por recorrer" fue la promesa.
Y las dos le creímos.
Estas lágrimas son unas cobardes, igual que yo.
No quiero estar lejos, no quiero decirte que no, no quiero abandonarte, ni dejarte de lado, ni que te falte un abrazo, o un te amo, o un te quiero, o un tu puedes hacerlo.
Dios elige a los valientes y otra vez nos eligió a nosotros. Yo aquí a una puerta de distancia sigo sintiendo que la armadura me quedó grande pero lista igual para darle pelea.
No tengo miedo y tampoco puedo llorar. Y te amo siempre.