martes, 30 de marzo de 2010

Arrebato.

Necesitaba confesar algo que le pesaba dentro.¿Tenés dos minutos? Claro que los tengo, siempre los tuve para este tipo de cosas. No sabía cómo ni qué decir pero era fácil notar que la incomodidad iba de la mano con el crescendo de su silencio. No se quería callar pero no había fuerza cinética que le diera un empujón de ventaja.
"No sé porqué me debilita tanto" dijo al fin. Y estalló una carcajada que me dejó con el susto a medias.
"Me mueve todo lo que hace, hasta las cosas que hace mal. Me alejo y pretendo que no existe pero las cosas existen y ya. Aunque yo no quiera. Me dice las peores bobadas y a veces tiene gestos de cariño, absolutamente random mientras me paralizo toda. Es desconcertante, una frustración."
Decía todo al parecer, sin respirar, sin siquiera estar pensando. Era como el nacimiento de un monólogo interior, que existía desde hace mucho pero que veía la luz por primera vez, que como un ultravioleta me quemó la piel.
"¿Qué hago para no ser tan... impresionable?" Me llevé las manos a la boca, como para tapar en poco ese malestar fatídico de cuando te hacen una pregunta incontestable, esperando respuesta. Ni yo misma podía contestarlo.
"Ya hasta le pedí que me lo quite del camino" confesó más abiertamente que nunca. Esa simple oración decía mucho más que todo el monólogo-superspeed que había tenido hace un segundo.
Lo quería tanto, que ya no lo quería.

domingo, 28 de marzo de 2010

Aislada del mundo

Mucho qué decir. Recursos inagotados. La primera señal del que está herido es que no puede cargar con su propio peso. Así sé que estoy dolida, no puedo con el peso de mis propias palabras.

Me arrepentí de decir mucho y derrocho antagonismos quedándome callada, aislada del mundo.

Puedo encontrar la manera perfecta para decir cosas y mover masas. Decido simplemente no decir nada y dejar que me lleve la corriente a la deriva. Tonta decisión.

Siempre ha sido insensatez y estupidez dejarse llevar con tal de no sentir la llaga en la planta del pie. Me duele. Me ofusca. Me desespera. Es hora de rendir cuentas y pagar los platos que yo misma quebré, o que di permiso para que rompieran.

Es tan fácil ser cobarde y aunque me faltan tantos años, con los que tengo sé que no es negocio aislarse tanto así.

lunes, 1 de marzo de 2010

Más de Nostalgia

Vino acá. Se sentó a mi lado y con la mirada triste confesó que te extraña tanto, que tiene ganas de saber de vos, de verte, de oirte.
Me quedé muda porque... ¿realmente que vas a decir en estos casos?

No se me ocurrió animarle, ya sé que no querés hablar. Por un momento quise decir "yo sé que también te extraña mucho" pero no me atreví. Era casi una insensatez tirar una piedra tan grande en un estanque tan pequeño.

Creo que no tomó bien mi silencio y mi mirada de conmiseración.
"¿Sabés que? No importa tanto" pero yo siempre supe que importaba mucho.

Quisiera poder tener la solvencia para decirle "que no te importe nada, andá y hablale, que a fin de cuentas, nada se pierde". Y aunque sigo convencida, también tengo la convicción de que nada se gana, por eso me quedé en silencio mientras se lamentaba en modo mudo.

"Perdonáme que no me calle con esto" me dijo.

Perdonáme que me calle en esto, dije yo.