martes, 30 de marzo de 2010

Arrebato.

Necesitaba confesar algo que le pesaba dentro.¿Tenés dos minutos? Claro que los tengo, siempre los tuve para este tipo de cosas. No sabía cómo ni qué decir pero era fácil notar que la incomodidad iba de la mano con el crescendo de su silencio. No se quería callar pero no había fuerza cinética que le diera un empujón de ventaja.
"No sé porqué me debilita tanto" dijo al fin. Y estalló una carcajada que me dejó con el susto a medias.
"Me mueve todo lo que hace, hasta las cosas que hace mal. Me alejo y pretendo que no existe pero las cosas existen y ya. Aunque yo no quiera. Me dice las peores bobadas y a veces tiene gestos de cariño, absolutamente random mientras me paralizo toda. Es desconcertante, una frustración."
Decía todo al parecer, sin respirar, sin siquiera estar pensando. Era como el nacimiento de un monólogo interior, que existía desde hace mucho pero que veía la luz por primera vez, que como un ultravioleta me quemó la piel.
"¿Qué hago para no ser tan... impresionable?" Me llevé las manos a la boca, como para tapar en poco ese malestar fatídico de cuando te hacen una pregunta incontestable, esperando respuesta. Ni yo misma podía contestarlo.
"Ya hasta le pedí que me lo quite del camino" confesó más abiertamente que nunca. Esa simple oración decía mucho más que todo el monólogo-superspeed que había tenido hace un segundo.
Lo quería tanto, que ya no lo quería.

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