Vino acá. Se sentó a mi lado y con la mirada triste confesó que te extraña tanto, que tiene ganas de saber de vos, de verte, de oirte.
Me quedé muda porque... ¿realmente que vas a decir en estos casos?
No se me ocurrió animarle, ya sé que no querés hablar. Por un momento quise decir "yo sé que también te extraña mucho" pero no me atreví. Era casi una insensatez tirar una piedra tan grande en un estanque tan pequeño.
Creo que no tomó bien mi silencio y mi mirada de conmiseración.
"¿Sabés que? No importa tanto" pero yo siempre supe que importaba mucho.
Quisiera poder tener la solvencia para decirle "que no te importe nada, andá y hablale, que a fin de cuentas, nada se pierde". Y aunque sigo convencida, también tengo la convicción de que nada se gana, por eso me quedé en silencio mientras se lamentaba en modo mudo.
"Perdonáme que no me calle con esto" me dijo.
Perdonáme que me calle en esto, dije yo.
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