lunes, 27 de febrero de 2012

Amnistía

Te he visto, en la imaginación.
Dijiste que nunca habías querido lastimarme.
Yo dije que nunca quise causar tanta decepción.

Contrario a la creencia popular, no fuiste tú.
          -Ni yo.
Fuimos nosotros, la mezcla, la mezquindad.
Amalgama explosiva. Corrosivo con olor a chocolate.
Le dimos tiempo al veneno, lo dejamos actuar
hasta agotar las ganas de sobrevivir.

De consuelo, no me acuerdo de nada.
Me alivio contemplando la amistad de ahora,
creyendo que es la transformación definitiva
de lo que siempre debimos ser.

Desfachatez: no me arrepiento de nada.
Excepto por las huellas que ahora son tatuajes en ti.
Nunca quise lastimarte... ni dejarte con ese aire de decepción.

Te he visto en la imaginación.
Quebré, como a un vidrio de emergencia, el silencio;
          -te pedí perdón
y quise liberarte de los errores del pasado
para que tu futuro jamás sea como ayer.

sábado, 18 de febrero de 2012

Oficio



Quiero escribir.
No sé si quiero publicar.
Hablar con acentos de más, con oxímorones, con pecados gramaticales. Siempre me da escozor el disfraz de perfecta. Y sin quejarme de que no escribo, de que no publico. La diferencia es que rara vez ha sido en libros. Volver atrás es un ejercicio poco recomendado pero mi alter ego analista sigue preguntándome qué diablos hago en esa clínica imaginaria, preguntando dónde es que se deja tirado el equipaje.

Quiero escribir.
No sé si quiero que sean cartas de amor.
Ahora ya no escribo odas, escribo artículos. Estoy en un abismo entre el existencialismo de Paulo Cohelo y las cartas de Bryce Echenique. Nada de qué jactarse... hasta que me acuerdo de lo imposible: estoy hablando de amor. Y de eso sí puedo hablar, de lo humanamente imposible.

Quiero escribir.
No sé si quiero que lean.
Nada más quiero corresponder a ese instinto que no se larga, a esa gravedad que me gobierna. Tras la hoja en blanco, las palabras son mías y sé que estoy en mi patria, en mi casa.

Quiero escribir.
No hacer los frijoles.
Salir de la clínica imaginaria y que mi alter sea Simone de Beauvoir, narcisista otra vez imaginaria. Volver y ser yo otra vez, la que nunca descansa en ser una sola.

Quiero escribir.

-- 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Arde

Escribirte un poema de dos líneas,
que regrese en el tiempo
y que sepa arder en llamas
que arda la pequeña ciudad de letras
como si fuera roma... que arda.

Y que las cenizas nos empapen
como lo hacen los fuegos artificiales
que nos arda el amor, desde antes que ahora.

mirá hacia atrás, amor
y encontrá las pequeñas hogueras
encontrá las hornillas y las fogatas.
deja que el fuego se lo lleve todo.

mirá hacia adelante, amor.
Todo arde.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Luto

Lutos que son silencio. Y se guardan en cajones para que no estorben, pero pesan y la madera empieza a crujir, a lamentarse. Es la madera en lugar de mis huesos. Nadie quiere triturarse de tristeza.

Hay que seguir hay que seguir, susurra un insecto interior, que se llama igual que yo. "Hay que seguir"... veo de reojo el cajón que vibra al compás de mi sangre. No podré escapar por mucho tiempo.

El tren del tiempo, sin frenos, a toda velocidad, dispuesto a arrastrar lo que venga.
Tenés que subir... el luto en su cajón pesa demasiado. Hay que dejarlo... no puedo, es lo único que queda, hay que seguir, hay que seguir... el tren no espera.

jueves, 13 de octubre de 2011

La maldición del "Bay-bino"

Yankees eliminado en la primera ronda de los playoffs de postemporada. Casi nadie lo podía creer. El gigante de Nueva York eliminado por el pequeño david, los Tigers de Detroit.
Lo pongo de esta manera: el sueldo de un jugador de los Yankees podría pagar la casi toda la planilla de los Tigers.

La Maldición

Para nadie es secreto la rivalidad centenaria entre Red Sox y Yankees. Y a todos nos pareció muy sospechoso que los Yankees dejaran ir un partido que ya estaba casi ganado. Algunos dirán que es la belleza del beisbol, que todo puede pasar. Otros, que los Yankees se dejaron ganar por Tampa Bay para eliminar a su archirival, los Red Sox.

Aquí viene la teoría de la maldición del "Bay-bino":
En la siguiente ronda de playoffs, Yankees se enfrentan a los Tigers de Detroit, que no son rival. O no aparentan. En el juego 3 de la eliminatoria, los Tigers derrotan a los Yankees. Y los Yankees, se van a casa eliminados por un equipo con mucha menos trayectoria y popularidad.


¿Es una maldición? ¿Volvió el boomerang que lanzaron los Yankees a Red Sox cuando dejaron escapar aquel partido con Tampa Bay? ¿Qué piensan ustedes?







--------------------------------------------------------------------------------

Repasando los Playoffs

Ultimo partido decisivo: Red Sox intenta ganar a los Orioles para ganar el comodín a postemporada. Tampa Bay quería lo mismo, pero no era tan fácil. No solo tenía que ganarle al gigante Yankee, también necesitaba tener suerte y que Red Sox perdiera.

Sucedió. En la séptima entrada, Yankees ganaba 8-1 a los Rays. En la novena entrada, ya estaban empatados. Le dieron la vuelta al partido y lo imposible no termina allí.

Mientras tanto, Red Sox también empataba con los Orioles, en extra innings. En un descuido de Boston, los Orioles anotan un home run. Pierden los Red Sox, pero no importa, todavía podrían clasificar, si Tampa Bay pierde contra los Yankees.

No había terminado de pasar la noticia en las pantallas de Florida, cuando los Rays anotan un home run. Ganan. Los Red Sox quedan eliminados.


viernes, 30 de septiembre de 2011

Hasta siempre, Chinita

Me despedí de ella sin llorar, sino riendo, cantando, haciendo colas interminables para ir al baño, siendo cómplices de cigarrillos mal encendidos. Me despedí de ella siendo amigas, escuchando lo que decía sin que yo dejara de hablar, con abrazos, con un "me encantó verte", y un "guardame mi cerveza", empapadas por la lluvia, desorientadas por el caos y el calor...

Soy dichosa: me despedí de ella viviendo.

viernes, 19 de agosto de 2011

53

Mi papá me enseñó a defenderme. A ser chispuda y no huevona. A hacer ceviche y que la comida con mucho picante, PICA.
Me enseñó a montar bicicleta, a manejar, a jugar futbol. Me enseñó el 80% de las palabras que sé, un larousse ilustrado es mi papá.

Cuando era pequeña, nos fuimos de vacaciones. Todos querían ir a la playa y yo a la piscina. Mi papá me llevó, pagó el ingreso para dos a un hotel con piscina y de regreso me compró unos ChocoMax. Siempre fue así. Especial.

Me enseñó a jugar ajedrez, póker, el juego aquel de las placas de los carros cuando vas en carretera. Me enseñó cómo es el baseball y veíamos los partidos cuando los narraba Abdón Rodríguez Zea.

Rescató un gato de la calle y lo llevó a la casa. Dijo que era para mi :D

Comimos yuca con chicharrón en el parque de Chiquimula, nos subimos a las montañas rusas en el IRTRA, casi naufragamos en una lancha regresando de Livingston, casi nos comen vivos los tábanos en El Estor.

Fui por primera vez a Disney y me regaló $10 para que gastara en lo que quisiera. Me los gasté todos en puras baratijas y dulces. Para uno de mis cumpleaños estuvimos en México y me compró un comic de la Chimoltrufia y un set de patitos mecánicos. Siempre entendió el valor de las cosas pequeñas.

Nunca me faltaron las aventuras, los dolores de cabeza, los chistes, los "qué aburridos estamos" antes de tu cumpleaños, las canciones compuestas especialmente para ti, la disciplina, los concursos de adivinar el nombre de la canción.

Nunca nos faltó tu amor.

Gracias Papi. Sos lo máximo. Te amo.

martes, 12 de julio de 2011

Charla

Me siento a charlar con mis fantasmas para preguntarles por qué no se han ido.

-¨No nos has echado fuera¨ me han dicho.

Los miro a los ojos con un "¡fuera!" entre dientes, pero no sé si puedo, o quiero.


Hay una nostalgia fastuosa que me invade. Mis fantasmas me ayudaron a crecer, a ser fuerte, a probarme a mi misma, a unirme más a mi familia, a ser una mejor yo.


Un "solo han sido solo vehículos, es a tu destino al que debes aferrarte¨ me convence, pero no me animo.


Una vez que echaste raíces es difícil desprenderse hasta de lo que duele, lo que ofende y lo que ofusca. El sentido de pertenencia y esa clase lealtad se vuelven cadenas poderosísimas.


Te han dado la llave para abrir la jaula, ser libre y lo dudas por pura nostalgia. Es allí cuando entiendo mejor las señales viejas de la carretera, y en lugar de echarles fuera con odio, les doy las gracias por sus servicios, les devuelvo el paraguas, el sombrero, abro la puerta.

Au revoir, fantasmas míos.