martes, 12 de julio de 2011

Charla

Me siento a charlar con mis fantasmas para preguntarles por qué no se han ido.

-¨No nos has echado fuera¨ me han dicho.

Los miro a los ojos con un "¡fuera!" entre dientes, pero no sé si puedo, o quiero.


Hay una nostalgia fastuosa que me invade. Mis fantasmas me ayudaron a crecer, a ser fuerte, a probarme a mi misma, a unirme más a mi familia, a ser una mejor yo.


Un "solo han sido solo vehículos, es a tu destino al que debes aferrarte¨ me convence, pero no me animo.


Una vez que echaste raíces es difícil desprenderse hasta de lo que duele, lo que ofende y lo que ofusca. El sentido de pertenencia y esa clase lealtad se vuelven cadenas poderosísimas.


Te han dado la llave para abrir la jaula, ser libre y lo dudas por pura nostalgia. Es allí cuando entiendo mejor las señales viejas de la carretera, y en lugar de echarles fuera con odio, les doy las gracias por sus servicios, les devuelvo el paraguas, el sombrero, abro la puerta.

Au revoir, fantasmas míos.

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