lunes, 17 de enero de 2011

Lo que pasó cuando te fuiste

No tengo ropa negra. La última vez te escuché partir y no te dije adiós. Aquella vez, cuando el mar nos robó las toallas. Aquella otra cuando te peleaste con la familia. Cuando me dijiste que nadie iba a quererme y cuando te retractaste. Verte cambiar, mejorar, pedir perdón y perdonar. Llorarte. Hago una pausa. Te abrazo en la memoria y me doy cuenta que tu voz no retumbará en la sala de mi casa nunca más. Ni tus herramientas, ni aquel perro viejo, ni tu pickupito blanco, ni tus manos grandes y callosas. Te hiciste viejo muy pronto. Me enseñaste a comer quesos y justo eso fue tu último regalo, además de un set de cubiertos. Cosas que quieren hablar de ti, igual que yo. Rogarle a Dios que me diera tiempo de hablarte. Mi papá, cómo estará mi papá. El momento en que decidí que no quería verte muerto. Hablar con tu esposa. Hablar con Dios y agradecerle por tu vida. Fuiste buen abuelo. Y te nos fuiste. Un silencio inmenso, no estás. Cruel, qué cruel.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Le expreso mi admiración. Su manera de escribir me provoca mejorar en mi precaria escritura. De verdad.

Andrea dijo...

Es el peor sentimiento del mundo. Ese heroe que con su sola existencia nos hace creer que nada es imposible... que somos invencibles. Un día se va sin más y nos damos cuenta que detrás de él, sólo estamos asustados y tristes.

Desiree dijo...

Gracias!