jueves, 2 de diciembre de 2010

Esta es mi historia de amor

Siempre soñé con un amor perfecto, que me quisiera como yo siempre quise, que me entendiera como nadie más me supo entender. Hablar sin hablar. El más pequeño flinch de mi corazón y lo captaría. No necesitaría explicación para mis sentimientos menos descriptibles. Sabría de mis sueños, conocería mi situación, de dónde vengo, a dónde quiero ir. Me entendería, me escucharía, me buscaría, se entregaría, me animaría, me abriría el camino para que pueda lograrlo. En fin. Un amor como el que me prometieron los cuentos de hadas: que sepa prometer un "y vivieron felices para siempre".

Lo busqué en todos y por todas partes. Juro que busqué. Le di el beneficio de la duda a tantos sapos y a tantos príncipes y nada. Nada.

Hasta que me cansé y fui hasta Dios a decirle que estaba rendida, que me rendía de una sola vez.

Fue allí.

Allí mismo mi corazón lo entendió.
Comprendió que la fórmula para aliviar mi dolor, para tranquilizar mi alma tan aturdida era volver a Dios, que todas esas promesas que sapos y príncipes me dijeron que eran imposibles, eran posibles para Dios.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Mi corazón, junto con todos sus sueños de amor perfecto, pertenecen a Dios. Hecho a mi medida, con mis rarezas y mis apetencias más exigentes.

Quiero ir a este concierto: Dios provee.
Me siento mal: Dios consiente.
Necesito hablar: Dios escucha.
Quisiera reír más: Dios cuenta un chiste.
Tengo roto el corazón: Dios lo sana.


Y sí. Este es uno de esos posts en que hablo de que Dios me tranquilizó. No puedo evitarlo. Dios me sanó el corazón. No se trata de hacerle publicidad; es que yo también quiero ser tratada como una princesa, yo también quiero contar mi historia de amor.

2 comentarios:

minovo dijo...

Demasiado lindo Disayer!!! =) hasta la lagrima de cocodrilo me sacaste!!

Desiree dijo...

:)