Volví. Había viento como el primer día. Siempre olvido dónde es exactamente. Es una suerte que todos llevan nombre o estaría contemplando la tumba equivocada.
Siempre es tan raro, pensar que me esperas, hablar con lápidas. Ya sé que no estás allí y aún me es inevitable contemplar tus huesos y tu pelo largo (seguro todavía está así). Imagino tu osamenta, tu ropa, tus huesos partidos, las costillas vacías donde estaba tu alma, tu corazón.
Voy a sentarme a tu lado, sobre la grama. Leo tu nombre, otra vez como en la lista del colegio, y ya no me duele igual. Te digo justificando: "todavía me pesa tu ausencia"; es que hace tanto no iba.
Sopla el viento, nadie alrededor. "De verdad es un lugar pacífico" te digo a sabiendas de que no estás allí. Mi palma sobre la grama y confieso que quisiera tomarme una cerveza con vos.
Tanto que contarte y nada qué decir. Es una mierda que no estés. La tradición de decirlo, seguido de una disculpa hacia mi Dios. "Te has perdido de tanto, pero más nos perdimos nosotros de vos" "Disculpame por no apoyarte mejor, por no tratarte con más respeto" y cosas así.
Nos quedamos en silencio, contemplando la nada. ¿Qué más hay por decir? Esa clase de desasosiego apabullado es estremecedor. Por mi parte puedo decir que todavía te extraño.
Me despido con ganas de abrazarte, con un "hasta la muerte", sin mirar atrás. Y camino. Lejos.
3 comentarios:
Y así se pasa la vida, día a día, noche tras noche, hasta que un día, el suspiro es más nocivo.
Alguna vez leí que la vida es un cúmulo de adioses. Hasta que llega el último.
Decir adiós siempre se me ha hecho imposible, hasta que no queda otra. Gracias por sus comentarios!
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