Ibas caminando, desprevenido. Nadie podía advertirte que ibas a encontrarte con ella. La viste a los ojos y se te iluminó algo dentro, algo que mantuviste en negación pero que guardaste por si algún día esto llegaba a pasar.
Sus ojos te ven. Y esa sonrisa. Dejaría de ser perfecta si fuera perfecta. Quieres decir algo, cualquier cosa. Ella se abalanza sobre ti, dándote un enorme abrazo. Su pelo tapa tu cara, maravilloso olor a paraíso. Besa tus mejillas como si fuera la cosa mas habitual del mundo. ¿Acaso no ha notado que la has despreciado eficazmente durante todos estos años?
Habla. Esa capacidad para decir tantas cosas con tanta facilidad en una lengua que no es suya, en un espacio que no le pertenece, a mi, que tanto la he odiado. Lo nota. Pregunta si todo está bien, lo hace con severidad, me molesta. Tanto, que quiero pedirle que se quede conmigo para siempre.
Un par de preguntas, otro par de respuestas. La sonrisa habla por ella. De verdad está feliz de verte. Te pide que se vean de nuevo, con franca ilusión. Tu te resistes mientras quisieras pedirle que sea tuya para siempre.
Obligas a tu mente a volver a aquel espacio oscuro que habías reservado para ella. Aquel viejo baúl mal oliente que tiene todos sus defectos y que no hace mucha mella ahora que estas embriagado de su voz y de su olor.
Es irritante la forma en que se mueve, en que se ríe, en que consigue hacerte reír, en que da pequeños brinquitos explicándote las cosas para las que no encuentra palabras. Y el acento cítrico para las que sí se sabe.
Vas soltando un poco, quieres probar más de ella y por un momento, piensas que ella también quiere probar más de ti. Toma tu mano, sientes un anillo, lo ves, haces la forzosa pregunta. Ella responde lo inexcusable y es justo cuando sucede. No habías notado cuán alto te había llevado, ni cuán bajo tendrías que caer.
Sabías que algún día pasaría. La habías odiado tanto con tal de evitarlo pero tu ingenuidad es demasiado obvia que se te olvidó la lección mas importante: para saber odiar hay que saber querer.
miércoles, 27 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Amusement parks are a must at any age.
All the kids are little brave people. They tried even the scary rides and not once cried or complained. We got them ice cream -huge cones for everyone- meaning all the moms ate more than one (me included, managed to eat 2 cones in less than 10 minutes, my very own personal record. I know, not impressive, but still managed to gulp 600 very cold, strawberry flavored calories, almost at once).
Isabel woke up at 3am this morning crying and asking for cookies. I blame the reminiscence of all the delicious food smells at the park.
At last but not least, I proudly let you know that we did not fight at all. This is a huge achievement for my family. It was probably due to the cold season and very loud music at the place. Oh, and maybe because we were so busy waving at the kids while riding tiny airplanes or incredibly slow -and tiny shaped- go karts.





It is a truth, universally acknowledged, that when a person feels dizzy at carousels he/she has gotten too old for them.
Isabel woke up at 3am this morning crying and asking for cookies. I blame the reminiscence of all the delicious food smells at the park.
At last but not least, I proudly let you know that we did not fight at all. This is a huge achievement for my family. It was probably due to the cold season and very loud music at the place. Oh, and maybe because we were so busy waving at the kids while riding tiny airplanes or incredibly slow -and tiny shaped- go karts.





It is a truth, universally acknowledged, that when a person feels dizzy at carousels he/she has gotten too old for them.
miércoles, 6 de enero de 2010
Even chickens cross the road
This road Ive been on before. I stood on the side, waiting for the parade to show up, waiting for some signal to tell me to ride the bus that was coming. Bus came and went without me, must have missed the sign. Took the silence as a negative instead of asking whether it was OK to fill that void.
Staring at each other, waiting... for something, but nothing kept happening. We both started to walk just because it felt alright to do something, anything. Finally, we drove apart. The road was never crossed and our friendship grew ever bolder. It still feels as a loss, since neither wanted so.
Somehow, I don't feel it was the wisest decision, even if it turned out ok.
In a new road, I feel wiser today, trying not to be less than a chicken this time, facing that inevitable silence, unavoidable stare, in the very narrow distance in between.
Staring at each other, waiting... for something, but nothing kept happening. We both started to walk just because it felt alright to do something, anything. Finally, we drove apart. The road was never crossed and our friendship grew ever bolder. It still feels as a loss, since neither wanted so.
Somehow, I don't feel it was the wisest decision, even if it turned out ok.
In a new road, I feel wiser today, trying not to be less than a chicken this time, facing that inevitable silence, unavoidable stare, in the very narrow distance in between.
lunes, 4 de enero de 2010
Bailando con Dios
Se me secan los pies de estar parada tanto tiempo y acepto tu invitación para este baile. Me prometes todas las promesas que mi corazón estaba esperando mientras te sonríes diciendo mi nombre, sí, qué maravilla.
Dentro, una emoción que no quiere callarse. Vibra cada sueño a punto de ser realizado, cada llaga a punto de ser sanada y cada pie descalzo que toca el suelo y el inicio de este camino, que seguro será uno largo.
No tengo miedo aunque hayan tantas cosas inciertas, no me falta paz aunque no conozco casi nada. Estamos más cerca, yo de tí, Tu de mí, en una balada interminable. A veces canta de amor, otras de alegría, otras de las cosas normales nada más, pero siempre canta.
Empezamos la canción de nuevo, para redescubrir, mientras damos otra vuelta y me sonríes diciendo mi nombre, qué maravilla.
Dentro, una emoción que no quiere callarse. Vibra cada sueño a punto de ser realizado, cada llaga a punto de ser sanada y cada pie descalzo que toca el suelo y el inicio de este camino, que seguro será uno largo.
No tengo miedo aunque hayan tantas cosas inciertas, no me falta paz aunque no conozco casi nada. Estamos más cerca, yo de tí, Tu de mí, en una balada interminable. A veces canta de amor, otras de alegría, otras de las cosas normales nada más, pero siempre canta.
Empezamos la canción de nuevo, para redescubrir, mientras damos otra vuelta y me sonríes diciendo mi nombre, qué maravilla.
domingo, 27 de diciembre de 2009
Grass
domingo, 20 de diciembre de 2009
A tientas por donde estarías si estuvieras
Hoy me desperté sin ti. No, no es un mal chiste. Tampoco una triste historieta. Es la realidad. Así de mundana.
Creo que nunca me he despertado a tu lado, siempre ha sido sin ti, pero hay días en que los "nunca" duelen un poco más que los "siempre". Se me hace tan difícil explicarlo porque no me estorba tu ausencia desde que abro los ojos. Es más que todo, una pesadez, un malestar, un cólico el que siento sin percatarme del todo --aún no estoy tan despierta como para saberlo a ciencia cierta-- que no estás aquí.
La marea me lleva hacia donde tengo que estar, automatizada, con la experiencia de un anciano que ha hecho el mismo oficio durante siglos. Este es mi oficio de siempre: hablar en silencio sin decir cuánto vibra tu ausencia, porque siempre ha sido demasiado para el burdo vocabulario al que estamos acostumbrados.
Aquí es donde empiezan a doler esos "siempre". Es cuando leo mis propias palabras, años atrás y me descubro viviendo en morse, para no decir que aunque no me conviene, aquí estoy, a punto de tirarme a un precipicio. Una sensatez de prestado, que jamás ha sido mía, me mantiene con los talones sobre la tierra.
Un día me asusto y salgo corriendo. Otro, extraño el olor de esa brisa, la bizarra sensación de magnetismo entre vos y yo. Nunca sé decir si eso es algo sano. Sé que mi objetividad es cual basura cuando el tema trata de vos.
Poco a poco me voy dando cuenta que me he vuelto presa de una irónica utopía... irrealizable y sarcástica. Se ríe de mí mientras danza con su inmortalidad desmedida y me miente un poco cada día mas. He de confesar que a vistas de cualquier oportunidad para escapar, la tomo.
Mientras tanto, sigo despertandome confundida, entre esos nuncas de siempre que me hacen vibrar pero no de emoción, ni de ternura... sino el puro abatimiento de un corazón que nada más a tientas es correspondido.
Creo que nunca me he despertado a tu lado, siempre ha sido sin ti, pero hay días en que los "nunca" duelen un poco más que los "siempre". Se me hace tan difícil explicarlo porque no me estorba tu ausencia desde que abro los ojos. Es más que todo, una pesadez, un malestar, un cólico el que siento sin percatarme del todo --aún no estoy tan despierta como para saberlo a ciencia cierta-- que no estás aquí.
La marea me lleva hacia donde tengo que estar, automatizada, con la experiencia de un anciano que ha hecho el mismo oficio durante siglos. Este es mi oficio de siempre: hablar en silencio sin decir cuánto vibra tu ausencia, porque siempre ha sido demasiado para el burdo vocabulario al que estamos acostumbrados.
Aquí es donde empiezan a doler esos "siempre". Es cuando leo mis propias palabras, años atrás y me descubro viviendo en morse, para no decir que aunque no me conviene, aquí estoy, a punto de tirarme a un precipicio. Una sensatez de prestado, que jamás ha sido mía, me mantiene con los talones sobre la tierra.
Un día me asusto y salgo corriendo. Otro, extraño el olor de esa brisa, la bizarra sensación de magnetismo entre vos y yo. Nunca sé decir si eso es algo sano. Sé que mi objetividad es cual basura cuando el tema trata de vos.
Poco a poco me voy dando cuenta que me he vuelto presa de una irónica utopía... irrealizable y sarcástica. Se ríe de mí mientras danza con su inmortalidad desmedida y me miente un poco cada día mas. He de confesar que a vistas de cualquier oportunidad para escapar, la tomo.
Mientras tanto, sigo despertandome confundida, entre esos nuncas de siempre que me hacen vibrar pero no de emoción, ni de ternura... sino el puro abatimiento de un corazón que nada más a tientas es correspondido.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Rápido y sin mal modo
A mi papá le gustan las cosas rápido.
Odia el tráfico, las colas, la lista de espera, los minutos en silencio. Los aborrece a tal punto, que su neurosis siempre le gana la batalla. Dos minutos es lo único que necesita para estallar: gritar, exigir, coaccionar, caminar de un lado a otro desesperado. En cualquier lugar, no importa dónde, con quién, nada. Siempre quiere ir más rápido que los demás. Llegar antes, irse antes, pasar antes.
Por eso, odia dejar que los demás hagan cualquier cosa antes que él. Es como una competencia inherente: ser el primero, ser mejor, ser más rápido, más pilas, más chispudo que todo los demás. Como si a los demás les importara eso.
A mi también me gustan las cosas rápido. Y sin mal modo. La del mal modo soy yo casi siempre. A veces me descubro en plena neurosis avergonzada de ver el mal rato que le estoy haciendo pasar a mi familia.
Un día conocí a Dios y la neurosis frenó. No fue por arte de magia. No me hice una xilca especial, ni prendí una velita a alguien en específico.
Un día, Dios puso en mi corazón esta pregunta:
¿Para qué querés ir más rápido?
Yo contesté: Para llegar al siguiente lugar.
El: ¿Y después? ¿Corres para llegar al siguiente?
Yo: Si.
Y la conversación siguió hasta llevarme a lo largo de muchos años de pura corredera. Dios preguntó:
¿Y cual es la meta, el destino final?
Yo no supe qué responder.
¿Hacia donde voy con tanta prisa, con tanto esfuerzo, con tanta rabia, con tanta neurosis, con tanto furor? ¿Después de correr y correr y correr, a donde hay que llegar?
Y es que no me había dado cuenta de que corría en vano, de un lado a otro como loca, corriendo por correr.
Por mi parte puedo decirles que ahora, sigo corriendo pero en dirección al Cielo. Ya el tráfico, las colas, la espera, ese maldito "mi tiempo vale oro" no tienen cabida, cuando la meta es alta y es clara.
Y así es como finalmente encontré paz, en medio de este trajín.
Odia el tráfico, las colas, la lista de espera, los minutos en silencio. Los aborrece a tal punto, que su neurosis siempre le gana la batalla. Dos minutos es lo único que necesita para estallar: gritar, exigir, coaccionar, caminar de un lado a otro desesperado. En cualquier lugar, no importa dónde, con quién, nada. Siempre quiere ir más rápido que los demás. Llegar antes, irse antes, pasar antes.
Por eso, odia dejar que los demás hagan cualquier cosa antes que él. Es como una competencia inherente: ser el primero, ser mejor, ser más rápido, más pilas, más chispudo que todo los demás. Como si a los demás les importara eso.
A mi también me gustan las cosas rápido. Y sin mal modo. La del mal modo soy yo casi siempre. A veces me descubro en plena neurosis avergonzada de ver el mal rato que le estoy haciendo pasar a mi familia.
Un día conocí a Dios y la neurosis frenó. No fue por arte de magia. No me hice una xilca especial, ni prendí una velita a alguien en específico.
Un día, Dios puso en mi corazón esta pregunta:
¿Para qué querés ir más rápido?
Yo contesté: Para llegar al siguiente lugar.
El: ¿Y después? ¿Corres para llegar al siguiente?
Yo: Si.
Y la conversación siguió hasta llevarme a lo largo de muchos años de pura corredera. Dios preguntó:
¿Y cual es la meta, el destino final?
Yo no supe qué responder.
¿Hacia donde voy con tanta prisa, con tanto esfuerzo, con tanta rabia, con tanta neurosis, con tanto furor? ¿Después de correr y correr y correr, a donde hay que llegar?
Y es que no me había dado cuenta de que corría en vano, de un lado a otro como loca, corriendo por correr.
Por mi parte puedo decirles que ahora, sigo corriendo pero en dirección al Cielo. Ya el tráfico, las colas, la espera, ese maldito "mi tiempo vale oro" no tienen cabida, cuando la meta es alta y es clara.
Y así es como finalmente encontré paz, en medio de este trajín.
jueves, 3 de diciembre de 2009
¿qué será eso de jactarse miserable?
no podría jamás creerte inteligente, si tu crees que ser un desdichado es lo mejor que puedes ser.
Es difícil considerar que entre océanos de vida elijas vivir en una charca maloliente, diciendo que esa es la "realidad". Hay más en la realidad que sólo la muerte. La Vida... esa también es real.
Si hay lugar para el odio, ¿porqué no habría lugar para el amor?
Esa teoría de que los inteligentes son gente mezquina e infeliz es el mito urbano de los que no son tan inteligentes... porque si realmente lo fueras, considerarías todas tus opciones y elegirías la que te hace mejor y por ende, no serías miserable. Mucho menos te jactarías de serlo.
Es difícil considerar que entre océanos de vida elijas vivir en una charca maloliente, diciendo que esa es la "realidad". Hay más en la realidad que sólo la muerte. La Vida... esa también es real.
Si hay lugar para el odio, ¿porqué no habría lugar para el amor?
Esa teoría de que los inteligentes son gente mezquina e infeliz es el mito urbano de los que no son tan inteligentes... porque si realmente lo fueras, considerarías todas tus opciones y elegirías la que te hace mejor y por ende, no serías miserable. Mucho menos te jactarías de serlo.
martes, 1 de diciembre de 2009
Si fuéramos otros, seríamos nosotros.
Una experiencia casi kármica -si creyera en esas cosas, tácita y trágica.
Ya otros lo habían contemplado, esa inapropiada coincidencia, ese inapropiado desliz de reconocer el alma de otra persona como tuya, en un universo alterno o paralelo, si existieran esas cosas.
Ni siquiera se trata de terceros... para colmo de los primeros. Una unión que va más allá de la simple convivencia: un lazo invisible que traza el camino que nunca existirá. No hay lugar para la nostalgia por cosas que no fueron jamás. Cierta paz lo invade todo, porque no duele soltar, aunque tampoco sea intrascendente. Al final, lo que resuena con eco bajito es lo mismo que sabíamos desde un inicio: si fuéramos otros, seríamos nosotros.
Ya otros lo habían contemplado, esa inapropiada coincidencia, ese inapropiado desliz de reconocer el alma de otra persona como tuya, en un universo alterno o paralelo, si existieran esas cosas.
Ni siquiera se trata de terceros... para colmo de los primeros. Una unión que va más allá de la simple convivencia: un lazo invisible que traza el camino que nunca existirá. No hay lugar para la nostalgia por cosas que no fueron jamás. Cierta paz lo invade todo, porque no duele soltar, aunque tampoco sea intrascendente. Al final, lo que resuena con eco bajito es lo mismo que sabíamos desde un inicio: si fuéramos otros, seríamos nosotros.
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