domingo, 20 de diciembre de 2009

A tientas por donde estarías si estuvieras

Hoy me desperté sin ti. No, no es un mal chiste. Tampoco una triste historieta. Es la realidad. Así de mundana.

Creo que nunca me he despertado a tu lado, siempre ha sido sin ti, pero hay días en que los "nunca" duelen un poco más que los "siempre". Se me hace tan difícil explicarlo porque no me estorba tu ausencia desde que abro los ojos. Es más que todo, una pesadez, un malestar, un cólico el que siento sin percatarme del todo --aún no estoy tan despierta como para saberlo a ciencia cierta-- que no estás aquí.

La marea me lleva hacia donde tengo que estar, automatizada, con la experiencia de un anciano que ha hecho el mismo oficio durante siglos. Este es mi oficio de siempre: hablar en silencio sin decir cuánto vibra tu ausencia, porque siempre ha sido demasiado para el burdo vocabulario al que estamos acostumbrados.
Aquí es donde empiezan a doler esos "siempre". Es cuando leo mis propias palabras, años atrás y me descubro viviendo en morse, para no decir que aunque no me conviene, aquí estoy, a punto de tirarme a un precipicio. Una sensatez de prestado, que jamás ha sido mía, me mantiene con los talones sobre la tierra.

Un día me asusto y salgo corriendo. Otro, extraño el olor de esa brisa, la bizarra sensación de magnetismo entre vos y yo. Nunca sé decir si eso es algo sano. Sé que mi objetividad es cual basura cuando el tema trata de vos.

Poco a poco me voy dando cuenta que me he vuelto presa de una irónica utopía... irrealizable y sarcástica. Se ríe de mí mientras danza con su inmortalidad desmedida y me miente un poco cada día mas. He de confesar que a vistas de cualquier oportunidad para escapar, la tomo.

Mientras tanto, sigo despertandome confundida, entre esos nuncas de siempre que me hacen vibrar pero no de emoción, ni de ternura... sino el puro abatimiento de un corazón que nada más a tientas es correspondido.

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