Nadie nació roto, algo en algún momento nos quebró.
Duele romperse, física y espiritualmente. Es cuando la gente empieza a inventar cosas: el alcohol, los poemas, las drogas, las canciones, esculturas, edificios, corazones de peluche, insólitos cupidos, mariachis, emos, hasta los blogs.
Algo se rompió o algo te rompieron y el mundo parece que dejara de girar. Escuché una canción "I´m not the one who broke you, I´m not the one you should fear" y me hizo cosquillas, de aquellas que no dan risa.
Me he pasado toda la vida de extremista lanzándome al agua, en abismos sin fin, escalando montañas y cualquier otra analogía que funcionara ahora. Lo hice todo porque todo es sinónimo de vivir. Y yo quiero vivir.
Otra canción: "A veces me pasa que mato por vivir".
Entre todo el cuento de que vivo y pruebo que estoy viva, como si necesitara evidencia, me he quebrado ya todo, hasta huesos espirituales que ni sabía que tenía.
Yo quiero seguir viviendo. Quiero seguirme enamorando como loca, como siempre. Quiero seguir tirándome de paracaídas en la vida, ante todo, en todo, pero se complica cuando no han sanado las heridas. A veces me parece que no doy mi cien por cien porque todavía debería estarme recuperando.
Todos estamos rotos y todos lo sabemos.
Muy pocos de nosotros estamos intentando sanarnos para seguir jugando.
¿Porqué?
¿Qué importa que de momento hayas de recortar tu actividad si luego, como muelle que fue comprimido, llegarás sin comparación más lejos de lo que nunca soñaste?
Camino, San Josemaría Escrivá