martes, 24 de febrero de 2009

Fin del mundo

Muertos. Vestidos ancianos. Arte. Música fúnebre. Sexo. Babuinos metafísicos.

Tanques de guerra. Premios. Dinero. Cumbia cubana para el Ché. Rap. Evolución hacia la estupidez.

El mundo colapsa sobre sí mismo. Mundo fénix que renace sobre sus cenizas mientras cada uno en silencio busca una respuesta a la pregunta del coloso: ¿Cuando acabará?

"Hasta que termine" respondí temblorosa en mi mente.

El fin del mundo vendrá antes que la medicina para curarlo. Quizá el apocalipsis tenga una dualidad de función: cura y enfermedad.

Tengo que ser sincera y decir que este fin inminente me da mucha paz. Algún día nada de esto seguira siendo importante. Ni los Oscar, ni los Cannes, ni El Salvador, ni la soltería, el dinero o el arte. Creo que a la música la voy a extrañar.

Si se trata de ser honestos, quiero seguir la marcha.
¿A alguien se la ha ocurrido ponerse a pensar qué será que todo el mundo avecina el fin del mundo?
Los ambientalistas con sus documentales, los mayas con sus astros, la religión con la profecía de la falsa paz en Israel y el monstruo de 7 cabezas (léase G7), Nostradamus con lo del Papa Nazi, perdón, Papa Negro (que no te tome por sorpresa, Papa Negro no se refería al color, era metafórico).

No quiero ser fatalista y causar  pánico sino alentarles a hacer de su vida algo que de verdad valga: arrodillarse (que también puede ser metafórico) y hablar con Dios.
Dale, solo Dios te está viendo.

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