Eran versos tremendamente intensos. Puede ser porque realmente me inspiriba Bienvenida que casi me hizo llorar, lo profundo de la oscuridad o mi claustrofobia galopante aferrada a los letreros rojos de salida.
No importa todo eso, lo que importaban eran los versos..... hasta que se me olvidaron.
Ya lo sabía. Era cuestión de tiempo que se me olvidaran. Minutos faltaban para que se pusieran a bailar con otros menos dignos e interesantes y se mezclaran entre ellos. Era de esperarse que al salir del teatro se enredaran entre los pensamientos de toda la gente que salía y bajaba las gradas.
Seguí mi vida como si nunca los hubiera escrito en mi cabeza y un domingo cualquiera quise recordarme. Lo único que vino a mi mente fue un árbol de guayaba, una pelota de fútbol y una bicicleta.
Resumí en eso mi mundo y mi sol: en las tardes de cuando era enana.
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