
Me fui cantando y soñando despierta. Por alguna razón, no me fui queriendo quedarme. El tiempo de marcharse se sintió perfecto.
Nadie me rebasó abruptamente en el camino, ningún auto bocinó ni me encendieron las luces para acelerar el paso. Todo marchó bien, extremadamente bien estando en Guatemala.
Había un carro que quería atravesar una calle, perpendicular a la que yo conducía. Dudé por un segundo: parar y darle paso, pero yo iba muy rápido. Era más peligroso ser cortés que seguir mi camino. No lo dejé pasar.
Recibo una llamada por teléfono y es G., que me vió pasar. Ella corta la llamada porque tiene en la otra línea a un amigo, que justo estaba en el mismo lugar y quería cruzar esa calle perpendicular. Eran los mismos que yo vi, que dudé.
¿Cuántas veces hemos pasado cerca, a la par, y no nos hemos visto?
Y me impacta más: ¿Cuántas veces hemos estado en el mismo lugar por un segundo y no nos hemos conocido?
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