Parece que todo funcionara a favor de esta locura tan sutil.
De cerca, solo se ven los colores distorsionados, incluso hasta bonitos. Por dentro, me sofocan tantas luces y tanta oscuridad, toda de junto.
Es difícil explicar la demencia.
Dicen que mi capacidad de preguntarme si estoy loca confirma que no lo estoy. ¿Qué pasa si soy una loca con paranoias de gente normal, si soy una loca que cree que es normal y a veces se siente loca? Claro, no es posible. ¿Y ser una loca que se dio cuenta de que toda le gira al revés? Tampoco puede ser, o si, tomando en cuenta que esas son las luces del que se recupera de una esquizofrenia y es que hay días que no soy yo. Incluso hay días en que no me caigo bien yo.
Me atormenta mi tormenta. Asumo que no hay tormento asintomático. En lugar de insomnio, pesadillas. Me costaría decidirme entre esas dos.
Cuánto detesto cuando las cosas no son como yo quiero: ¿ambición o berrinche?
Ahora ya no importa pero quisiera saber si enojarme por no conseguir mis metas es síntoma de falta de carácter...
Y vuelvo a mi taza de café segura de que no es la mejor opción, tratando de convencerme a mí misma que el remedio que yo misma me reclamo no es infalible, que es el equivocado.
Al final de todo, pues tengo lo que quiero y lo que me he ganado.
Y a pesar de los pesares, lo que he merecido.
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