Me dejé llevar por un espejismo fantasmagórico a más no poder. Oasis en medio del desierto con cocos y bañistas y palmeras. “Era como si el destino quisiera jugarme una broma macabra”.
Rebalsada de improperios me dirijo hacia la puerta. Es hora de marcharse. Es hora de cruzar ese umbral imaginario que no hace nada más que reclamar mi ausencia, condenar tu presencia y maldecir nuestro futuro.
Quise con todas mis fuerzas, creerme la mentira. Hasta que un ángel disfrazado de diablo se cruzó por mi camino. Cigarro y trago en la mano, no se imagina como su sonrisa me saca del abismo. Veinticinco años mas grande, no tiene idea que la que gana en este asunto, soy yo.
En fin. Es hora de llegar a conclusiones y lo único que brinda en mi mente es aquella canción: “Ahora es demasiado tarde princesa”…
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