lunes, 14 de mayo de 2007

El Cuento Gris




En un desierto de gris apareció como si nada el amarillo de tu alma. Vino sin decir una palabra, sin atreverse a romper los esquemas, o tomar con las manos sus propias alas y lanzarse con un grito desesperado a darme el mensaje que traía consigo.

Desafiante, sostuvo la respiración, contuvo el intento de escapatoria y me vio a los ojos con sus ojos invisibles.

Yo le vi de vuelta. No tenía qué decirle más que solamente sonreir. Canté un poco a su lado y tuve miedo de perderle. De perder esa sonrisa invisible que no me ve, que no sabe quién soy pero que trae una carta para mi que jamás ha sido escrita.

Después de todo, tanto gris resulta inefectivo. Tanto gris me roba la paz mientras que allí estas, con tu amarillo y negro, revoloteando un segundo. Luego, te vas sin haberme conocido.

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