
No voy a estar mas, no existiré y tendrán, todos los que se quedan, preparar mi funeral, elegir una lápida y llorar mi partida.
Inesperado o ya bien acaecida, la muerte visitará a mi vida y se la llevará a bailar un tango desconocido. Sonriendo, me desprenderé de este cuerpo y ya no importará si terminé los pendientes en la oficina, si tengo sueño o si tengo miedo, siquiera.
Un día de estos, no voy a estar más aquí para escribir en mi blog y con una sonrisa me recibirá Gustavo, la abuelitas y uno que otro más que llegase a adelantarse.
Será tan irónico conciliarme (¡al fin!) con mi vida cuando ya se haya terminado esta etapa tan cruel y suelta. Todo blanco. De golpe, aquella fogata en medio de la playa donde me reconcilio y reencuentro con todo el mundo que no vive en este mundo.
Fiesta, playa, música y paz. Así es mi cielo y allí iremos a encontrarnos todos en algún momento. De un momento a otro, sería correcto decir. Y sería mas correcto todavía, afirmar que añoraré ese momento para siempre.