Un día que llega, sin vergüenza, a reclamarme las futuras condiciones de mi pasado. Sus antecesores lloran en sus tumbas, innombrables, sustituibles, sin reconocer.
No hizo falta mucho para cambiar de dirección; para decirle a este día que su herencia ya no es válida. Un día para otro, una vida nueva.
Saluda la nueva vida en su carroza vestida de fiesta. Unos lloran, otros ríen. Otros tantos, dan la espalda. La vida anterior solía ser tan bonita.
No es de confundirse, la vida es como reencarnada. Viene con instructivo de la anterior y una irremplazable experiencia.
A los que se van, les ve de espaldas, talones al aire, corriendo en busca de otra vida parecida a la ya muerta. No tuvieron la valentía de decir adiós.
Están los otros que doblaron las piernas y se acomodaron a la par de la vida nueva.
Así se juega la vida su propio destino. A base de desfiles, públicamente aferrándose al deseo de no quedarse sola.
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