Se preparaba para la batalla. Se vestía en ese uniforme con olor a sangre vieja, en la monotonía de una balada que de tanto escuchar, se ha convertido en lo mismo que el silencio. Va la boina, las botas, el cincho.
No es nada nuevo prepararse para ir a matar, lo único nuevo son los muertos, aunque no sus miradas perdidas en el limbo de morir sin una causa noble.
Les habían dicho que peleaban por sus ideales, pero al soldado le amargaba pelear en contra de su utopía más recurrente: sembrar en un campo rodeado de montañas, mientras unos niños y su mujer le esperan en la cabañita al final del arado. Una vida simple y sin tormentos. Sin escopetas que revientan los oídos, sin ese olor putrefacto, sin rencores.
No quiere levantarse. No quiere salir. No otra vez.
"¿Qué dice la conciencia de un hombre que mata por órdenes de un superior?" se pregunta sin miedo a la respuesta. Ha sido un hombre bueno aunque haya tenido que matar.
Imagina una ventana, en la que afuera se escucharía música, niños jugando a la pelota, viejas contando el chisme semanal, un hombre sentado en una silla vieja, sin camisa, escuchando los comentarios del partido del domingo, un grafitti en la pared que dice "No a la guerra".
"Nos han pintado como monstruos" le dice al compañero que está demasiado acostumbrado a que el otro ventile sus elucubraciones.
"Eso es lo que somos, hacele huevos"
"Yo no quiero ser un monstruo. Yo lo que quiero es quitarme este uniforme y abrazar a mi mujer".
"Así hablan los maricas y vos sabés lo que le pasa a los maricas"
Claro que lo sabía. Él mismo había tenido que encargarse de aquel patojo que sonreía demasiado. El único crimen era sonreír ante tanta destrucción, de eso lo culpó para poder hacerlo. Era importante tener una motivación.
Frotó sus rodillas, desvelado de sus pesadillas. Levantó la mirada hacia la ventana imaginaria y los chicos de afuera se despidieron de él.
Quiso decir algo, sabiendo que esas serían sus últimas palabras, que no fueran gritos desesperados.
Volvió a ver a su compañero que silbando la misma monótona canción, se marchó antes de tiempo.
Y nada. Preparándose para recibir a la muerte, que sabía bien que merecía, no supo decir nada.
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