Se abalanzó directamente sobre mí sin decir una palabra.
Un momento de duda habría bastado para acabar con todo, pero esa duda no alcanzó ni para empezar con el fin de ese desasosiego.
Calla este apabullamiento una canción que habla de jardines y de rosas, pero el remedio no puede ser tan eficaz si siento miedo de tomarlo.
Consulto los síntomas, tratando de entender lo absurdo y poner cada cosa en su lugar. Extraño... las cosas no parecen estar desordenadas pero hay una necesidad incandescente de ordenar todo por aquí.
Suena en mi conciencia una canción que no entiendo y no quiero entender.
"Eso le pasa a cualquiera" ¿De verdad?
Ansiedad por cambiarle el nombre de inmediato, aunque todavía queda dentro de mí una certeza de que el suelo tembló y se ha desmoronado todo lo de arriba. Si. El nombre se queda.
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