
Palabras se retuercen, moribundas y dolientes en todo el pavimento. Ha sido un silencio quien las arolló. Sin piedad, sin miedo, sin ver hacia atrás. Quedaron desnudas, frías y con miedo, quizá alguno más sensato decida rescatarlas en un blog o en un mensaje de texto; qué frialdad sigo pensando. En lugar de un beso o una caricia, un emoticon. Vicario del amor, este ordenador.
No dejan de darme pena las palabras fallecidas.
Insomnio, música, tabaco prohibido y prematuro hacen fila para hacerme extrañar ese sostener la mano con la intención de sostener el corazón, estas palabras que tan cortas y tan mudas quedaron, despechadas quizá.
El silencio es tan eterno que a veces no quiero darle más tiempo de vida. Un deseo mío habría sido decir siempre lo que no estaba de más. Te quiero.
Titila el silencio y te extraño.
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