jueves, 17 de junio de 2010

Happy Place

Hora de la inyección.
No me acuerdo cuántas dosis eran, ni durante cuántos días, pero sí que era una diaria y por mi bien. Y que no quería que me la pusieran.
Me daban una almohada para apretar con los dientes. Tenía miedo, no era la primera inyección, sabía que iba a doler.

Mi papá me decía: "pensá en un helado gigante" y lo describía. Yo me iba a otro lado pensando en un cono enorme con tres bolas de helado, anicillos de colores, dulcitos de muñequitos, arcoiris. Venía el pinchazo y no importaba porque tenía un helado gigante, patrocinado por mi papá.

Años -décadas- después, vuelvo a ese helado cada vez que lo necesito.
Gracias Papi por darme mi happy place.

Te amo.

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