Cuando abrís la puerta se entran hasta los chuchos a la casa.
Ahí vas vos, sin vergüenza, metido con el viento y ese perro.
Es un perro divino, blanco y pequeño. Faldero no hace otra cosa que inspeccionar, sin amenaza, sin mostrar los colmillos.
Mis ojos en el perro, mi piel en el aire que entró con él.
A vos ni te miro
aunque estés a contraluz bloqueando todo lo demás.
No me atrevo a verte aunque tenga la cabeza torcida, pretendo parecer natural.
Allí estás. Me di cuenta que no te vas a mover.
¿Cuál es tu problema? ¿Qué hacés aquí tan tarde? ¿Tan cobarde?
Grito, empujo, enfurezco hasta darme cuenta que en realidad no sos vos.
Sos el fantasma.
¿Tendré que sacarte plática para echarte?
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