Camisa de fuerza bien puesta. Aprieto los puños, empujo con los hombros, intento sacar los codos. Inamovible sentimiento. Sensación de bienestar aplacada por esta lluvia de tormentos.
La instrucción es quedarse aquí, sentada. No hay que intentar escapar, sería ridículo no esperar el rescate inminente.
Aprieto los puños, bien fuerte, como señal de mi supuesta y recien adquirida impotencia. He sido impotente siempre, pero esta vez es diferente. Debo esperar a que alguien mas se ocupe de mi, que alguien mas se encargue de todo mientras yo entierro mis uñas sobre mis palmas.
Hondo respiro. Lágrimas desaparecidas. Un grito hacia dentro. Camino con la camisa de fuerza puesta y nadie parece notarla.
Murmullos, susurración, cinismo. El mundo no es cruel, es la gente ignorante que lo lastima.
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