
Se me gastan las neuronas. Una catarsis absolutamente necesaria me invade por la noche, un par de lágrimas, algunos recuerdos y 15 buenas razones.
Sigo tratando de escribir algo coherente. Sigo tratando de encontrar un tópico sobre el cual hablar, siento que he hablado tanto.
Nada se detiene. Cierro los ojos y todo se mueve. Nada se detiene.
Un destino inevitable, noches cortas, días largos. Pasa mi vida, pasan los años, pasa el dolor.
Sigo sintiendo que me estoy volviendo vieja en esto de las despedidas. Ya no quiero seguir diciendo adiós. No quiero despedirme de mi vida, ni de mi familia, ni de mis amigos, ni de nada. No me voy a ningún lado y tampoco me estoy quedando.
Vuelvo a casa, me acuesto en mi cama temiendo que de nuevo hoy es el último día. Sabiendo que de nuevo, hoy es el primer día.
No me quiero despedir pero la estática no existe en esta vida.
Cierro los ojos y todo se mueve.
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