Afuera, con tu sonrisa como rompevientos,
dos abrazos, tres besos.
Un cómoestas sincero y circunstancial, ya sabés cómo estoy.
Sí, y mucho.
Dentro de tu montaña,
durmiendo o contándome historias.
O por teléfono,
en tu voz,
en la mañana ebrio de sueño, confundidos, amargos y contentos.
diálogos que se vuelven nuestros
y ya de nadie.
En la oscuridad,
en tu sombra,
en nuestros libros sin leer,
en el cansancio,
en los morados,
en la maravilla de sonreirte con las manos.
El ejercicio de soltarte
solo tiene remedio si vuelves.
Vuelve.
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